Wednesday, April 8, 2015

Relojes de distancia

-El tiempo empezó a reducirse a espacios entre palabras, a definirse por los momentos en que no pasábamos juntos.

Poco a poco, el peso de la distancia se hizo notar, las imágenes se fueron desvaneciendo, y en nuestro hábito masoquista de atarnos a lo que ya no podemos sostener, adquirimos esta costumbre e enmarcar fotografías y coleccionar objetos de recuerdo.

Vos solías escribirme a l menos una vez por semana, a veces todos los días. Creo aún recordar cómo se veía tu atuendo rojo del baile de graduación, pero la imagen es difusa. Las memorias son difíciles de evocar ahora que el reloj carga con tantos kilómetros y a veces duele repensar en todo lo que nos aleja, en todo lo que hemos pasado sin nosotros.

Aún así me dio por ver el reloj para medir cuanto pasábamos sin estar juntos, para definir cuando debía escribir el próximo verbo de nuestra historia. Una historia que nunca pudimos terminar  y que tal vez comenzamos más por testarudez que por otra cosa, pero tenía perfecto sentido antes de que nos desgranáramos como montañas de arena siendo acariciadas por el viento. Antes de que gota a gota dejáramos que se desangre la emoción y el cariño y nos convirtiéramos en los dos seres ajenos que somos. Dos seres absortos, indiferentes el uno del otro, donde el tiempo sin verse y sin hablarse enterró las caras en el olvido y hoy, después de tantos relojes oxidados, seguimos adelante como si nunca nos hubiéramos importado, como si nunca nos hubiéramos conocido. Y aunque sé que ya no vale la pena, quería decírtelo antes de despedirme.


-Está bien, cerrá la puerta al salir. ¿Nos vemos mañana?


-Si, igual que todos los días.

Tuesday, January 13, 2015

Diciembre

Diciembre da mal de patria y comemierdera,
ganas de levantarse
de mirar el reloj con odio a las seis de la mañana
y maldecir el frío y los huecos de lo zapatos.

Diciembre es jodidamente helado
y tira recuerdos ingratos con luces de navidad
o con la ausencia de ellas
que invitan a pensara que tal vez todo esto fue una mala idea.

Diciembre dejó de esperarme en aeropuertos
y de anunciar vueltas prontas
con sonrisas de amigos y abrazos.

Diciembre casi siempre es un buen chaval
pero cuando le da la gana de nos serlo
es un verdadero cabrón de mierda.

Thursday, December 25, 2014

Estaciones fantasmas

Nuestras conversaciones quedaron olvidadas en estaciones fantasmas de buses que nunca llegaron y nunca salieron. Eran paradas que inventábamos para tener excusas para hablar y olvidar el carro en la casa. Nos quedábamos bajo la lluvia sabiendo que no iba a pasar nada más que el rato que compartíamos guareciéndonos bajo una misma sombrilla. Sonriendo para poder ver la sonrisa del otro.

Ahora, que de vez en cuando hago un recuento masoquista de todos los ‘‘muppies’’ imaginarios y las bancas inventadas donde nos negábamos a tomar asiento, te miro y me miro, y maldigo nuestra falta de creatividad, lamentando que esas paradas fueron lo único que pudimos inventar, porque cuando al final decidí subirme a uno de esos buses, aún había mucho que podíamos compartir y que ya nunca lo haremos.

Tuesday, December 2, 2014

Virajes de llegada

Las cosas van cambiando con más rapidez de lo que me gustaría,
aún así poco a poco la costumbre se apodera de lo cotidiano
y machaca los recuerdos de comodidad y de calor.

A ser honesto, venís en un momento incómodo.
Te miro y recuerdo todas las cosas que me hacen sentir miedo,
todos los caminos a los que les he huido
todas las excusas que me hacían escabullirme por las tardes
para no jugar backgammon
ni sentarme frente a la última mesa que me desacomodó los dados.

Recuerdo también las historias que se niegan a volver,
que se burlan del presente,
cómplices del fantoche que terminaron de formar
y que ahora postran con orgullo falso
como un adefesio en la barata feria del pueblo.

Se cuelan secretos que deberían ser contados,
y la inseguridad se pasea
como el miedo de las tres de la madrugada cuando no hay luz
y la soledad puebla los pasillos ventosos.

 Se cuela el temblor de mantener la mirada tranquila,
de dudar en tocar el timbre
o de hacer la llamada
para visitarte sin razón, ni ocasión especial
mayor que compartir una tarde juntos.

Aún con todo, te imagino picaresca
y añoro los labios tímidos de tu sonrisa carnosa
esperando que cuando se serenen las aguas
y la impaciencia le gane a la cobardía
te atrevas a faltarme el respeto,
tan sólo una vez,
para decirme que me quieres
con el mismo desdén fingido
con que yo lo hubiera hecho en cualquier otro momento….
…
...

Menos este.

Saturday, November 1, 2014

Tu recuerdo me trae sonrisas.


Me acostumbre a la cruel ausencia ingrata
que exilió tenues e inocentes risas
a caminar países de hojalata
donde la calidez no tiene prisa

Volví a gozar de las viejas sonatas
y a sentir los perfumes en la brisa
y a jugar con cachivaches de plata
y paso el tiempo de negar la sonrisa.

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Ya pasó el tiempo de llorar
y una larga lista de cosas quedó en ‘‘pendiente’’.
Planes inconclusos, invitaciones por pagar.
Vieja lista olvidada,
extraviada
indiferente.

Ya pasaron las rabietas y auto flagelos.
Se atragantaron con agua de mar y café remojado.
Se fueron de viaje y nunca volvieron
y no los extraño,
ni los pienso,
ni los siento.

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Extrañar es un verbo cabrón.
No te extraño si eso significa que paso el tiempo pensando que no estás aquí.
Ya no.
Ahora miro los atardeceres como los veíamos en diciembre,
saboreando la memoria de los celajes…
Y sonrío.

Tampoco te he olvidado,
no si eso significa que ya no pienso en vos.
A veces me recuesto en tu hombro como si estuvieras aquí,
pero no es reproche.
Tu silueta llega como un recuerdo de niñez
(si es que ambos se pueden separar)
y se queda divagando por la tarde
jugando con los planes del día.

Tu recuerdo cae de sorpresa
como un amigo sin invitación.
Y trae calidez
y prende la chimenea cuando hace frío
y me hace sentir en casa.

Tu recuerdo me trae sonrisas.


David Ching
2014

Thursday, October 9, 2014

Desvaneciendo la lumbre

Poco a poco
el tiempo se traga los recuerdos.
Poco a poco
los años calcinan los encuentros.
Poco a poco
los ojos se empolvan y se secan.
Poco a poco
las ventanas menguan y se cierran.
Poco a poco
olvido  que tengo que esperarte.
Poco a poco
las monedas dejan de contarse.
Poco a poco
dejo de extrañar los sentimientos.
Poco a poco
acostumbro más quedarme quieto.
Poco a poco
mi mirada se torna negra y azul.
Poco a poco
se va apagando mi ya tenue luz.

David Ching
2014

Monday, August 11, 2014

Madurar

Un reloj incómodo marca la hora en que nos toca madurar,
no porque sean las siete o las ocho
o porque nos atrasemos media hora para el café,
más bien porque mantiene quietas las tazas
y nos muestra que el tiempo sigue aunque se detengan las manecillas.

Madurar es aprender a decirle adiós a los abriles,
reconocer que entre más tiempo pase te echo de menos cada vez menos
y agarrarle el gusto a esa tranquilidad.

Los ojos se amarillentan como hojas viejas de papel
y los ademanes se vuelven predecibles.
Se le quita el brillo al pasado
y la sonrisa a la costumbre

Madurar es cambiar el canal cuando salen los dramas
rehuirle a las volteretas
y dejar de reclamarle a las alarmas del despertador


Madurar es… ser un cobarde.