Sunday, May 19, 2013

Bon Voyage



-Cuidate.
-Vos También

Un par de pañuelos rojos a la orilla del mar
pintados con las flores de los camposantos
se alargan,
Dicen adiós con media sonrisa de olvido,
De aprecios vacíos que prefieren perderse de vez en cuando
y nunca más volver.

Punto final.
Cuerdas que vibran tras una canción que duró demasiado.

Una historia de mentiras repetidas y labios mordidos,
de caminos que no se volverán a cruzar,
se hace a un lado para llorar en la orilla
Sin la amargura de los clavos herrumbrados en los huesos.

Es un adiós que se comparte.
Una despedida que se olvidó de las culpas,
del remordimiento y los punzantes cuchillos de las espinas.

Es un adiós alegre,
con aires de perdón y olvido
con las frentes en alto
de quienes se quieren sin querer volverse a ver
y gritan un ‘‘bon voyage’’
mientras se esfuman... 
y se van.

Saturday, April 27, 2013

Popó


No era tita, ni era nana,  ella era popó.

No hablaba español y yo no hablo cantonés, pero de alguna forma nos entendíamos (dicen que lo inquieto viene de ese lado de la familia).

Recuerdo que cuando  tenía 5 años me chineaba. Llegaba con mi abuelo a regalarnos confites y nos veía mientras jugabamos bola, aunque kong-kong se valía de su bastón para tirar. Luego mis papas se fueron de viaje y mientras nos cuidaban los primos solía llamarnos todos los días para preguntar si ya habíamos comido, después le repetía la pregunta a todos los que estaban en la casa.

En otros tiempos cocinaba (¿existen abuelas que no tengan buena cuchara?). Pollo con hongos que sólo ella sabía, y la sopa de wantan que nos enseñó a hacer después. A veces nos tocaba comer en la mesa de plástico frente al televisor, otras veces en el comedor principal que daba a la cocina, ¡Qué distinta era la casa de Nicoya en ese entonces!

Alguna vez la vi en vestido de baño gris, entrando al mar de Samara sin miedo, porque le gustaba acompañarnos a la playa cuando podía.

Siempre repartía su ''li si'' a los nietos, nunca perdió cuenta de la inflación, ni siquiera cuando tuvo que venirse a San José.

Con su eterna cabellera blanca e inquieta, pecaba de necia y no dejaba que nadie la ayudara (''yo podel'', y daba golpecitos para que uno entendiera). Luego pasaba la tarde en su mecedora, preguntando cosas que yo no entendía.

También la recuerdo con su apetito voraz (herencia china que nos dejó a los nietos). No había comida sin plato de arroz y nunca le mermó al diente en toda su vida. Tanto fue así que se nos fue con el estómago lleno, durmiendo después de almorzar.

Y ahora nos toca decirle adiós, Cómo despidiéndose de esta cosa rara entre las dos culturas que soy y que Popó intentó ser. Con un vestido tradicional blanco rodeada de flores y cruces. Porque cuando estalló la guerra ella no sabía que iba a dejar once nietos en otro continente, ni que iba a nacer el almacén ''La Revancha'' para mantenerse en pie por tres generaciones, ni que sus hijos iban a desayunar pinto y cenar ''ma pu to fu'' y ''kai lan'', pero así fueron las cosas al final.

Y ella siempre sonreía cuando veía a sus nietos (al final, cuando los lograba reconocer) y tenía ese sol en los ojos que sólo tienen las abuelas, y aunque hayan muchas cosas que ella nunca entendió y que yo nunca voy a poder entender eso si lo entiendo, aunque yo no hable cantonés, y  aunque ella no hablaba español.






Thursday, April 11, 2013

Quedate


Quedate un rato
te hago un pequeño campo al lado de mi asiento,
al lado de mis copas de vino y  mi errática forma de pensar
Disfrutá de la absurda forma de hacer magia con espacios distraídos bajo la cobija de algún aprendiz.

Quedate mientras miro las acuarelas de mi tío.
Hazte un té cargado al amanecer y despídeme cuando no estés a gusto.
Yo tiraré los dados de nuevo,
cuando te vayas  y dejés tu sombra llameante
a un lado del espejo donde nos miramos juntos.

Decile adiós a las partidas complicadas,
a los ajedreces de piezas negras y reyes sin peones,
a las caras inexpresivas antes del ''river''.

Vení sin pensarlo mucho,
sin dilemas de margaritas o de caras y cruces,
sin cuerdas, o esposas o anillos
y salí a jugar si te cansás,
o si encontrás  ingratos caminos que te seduzcan
vete sin darte pedradas al pecho.
yo volveré a tirar los dados

Monday, March 4, 2013

Vos

‘‘A ti que no te debo más que el empujón que anoche me llevó a escribir esta canción’’ J. Sabina


Son de las cosas que ya no entiendo de vos,
solías tomar ajenjo con tanto desdén,
como si el mundo ya no te importara,
como si un par de desamores se hubieran quedado en el olvido y los bares belgas tuvieran todas las soluciones del planeta.

Después podías perderte en las callejuelas con una vela  encendida
y esperar a que lloviera para bailar  una salsa seca y fuera de ritmo
antes de encerrarte en tu cuarto a llorar amargamente hasta que el corazón se saliera de tu pecho.

Eras una figura risueña
corriendo detrás de los papalotes, queriendo atrapar sus sombras
para guardarlas en un frasquito y verlas todas las noches.
Yo me quedaba en una esquina, riendo tímidamente con complicidad paternal.

En ese entonces te comprendía
y corría con vos bajo la lluvia, burlando la aberrante alegría de éxitos efímero,
de mentiras que creía como dulces baratos de piñata de fiesta.
También coreaba los valentines y cumpleaños detrás de las faldas de sombras perdidas
y predicaba en las esquinas vacías de los cuadernos amarillentos.

En ese entonces solía reiterar los porqués y replantearme preguntas absurdas al despertar de la mañana.
Preguntas que saben a cigarrillos mordisqueados con mala música
fumados en el frío para calmar las ansias

Después te perdiste,
abandonaste las ideas vacías que defendías a capa y espada
y mataste todo lo que sostenía tu alma,
las estrellas que brillaban en lo más oscuro de las penumbras.

Ahora abandonas las plumas, secas, lejos de los tinteros,
lejos de versos románticos recitados
y de clichés que amabas cuando te golpeaba la sed,
y  quedabas pidiendo agua en un desierto de vaivenes absurdos y grotescos
que aterran las noches con  gestos obscenos y asquerosos.

Te odio con la fuerza de quien odia la resaca mañanera,
el tímido azul de las sábanas solas o el insignificante ‘’buenos días’’ de la madre resignada.
Te odio porque sos lo que pude ser y no fue,
lo que se grita en el vacío oscuro de una noche de insomnio.
Te odio porque no has sufrido lo suficiente y crees que lo has hecho.
Te odio porque crees que todo va a estar bien y que habrá un desenlace feliz
y que el Edén existe, la vida será alegre y bailaremos juntos en jardines de  rosas invisibles,

bastaría darse la vuelta en la esquina para toparse los árboles caídos,
las hojas muertas y podridas hundidas en charcos espantosos
y las mentiras que se repiten constantemente para satisfacer los placeres banales e inmediatos.

Pero no podés ver más allá de tu nariz y seguís enamorándote de las novelas que te hacen llorar
y de las ilusiones mal dibujadas con destinos rebuscados.

Al fin y al cabo nos dejaste abandonados, tristes y solos
como los viejos que juegan al póker por placer, sin darle valor a las fichas
y que fueron abatidos por las olas del mar
por los intentos fallidos de irse a doble o nada
y las miserables tertulias de amigos acomodados en desesperanzas sin sentido.

Ahora me quedo con lo que soy 
y por eso te odio, por vos.
Detesto que juegues a los dados en mi vida,
que te sigas comiendo los señuelos luminosos,
y que te sigas engañando con papeles de cromo
pero detesto más aún no poder negarte… y seguir esperando que tengas razón.

David Ching
2013

Saturday, January 26, 2013

El camino a Tarragona

Tomé un tren de Barcelona a Valencia que se detuvo unos minutos en Tarragona y eso es todo lo que sé del lugar.  Está en el noreste de España, probablemente en Cataluña -tal vez en Aragón- y deben ser muy católicos por ahí. Me gusta el nombre, tiene estilo.

Es bonito pensar que por ahí no hay crisis económica, que los hermanos de los trabajadores de construcción esperan con brazos abiertos a quien pide cincuenta centavos de euro en la calle. Era un señor de barbas blancas que parecía tener muchos años por delante y por detrás. Charlamos con él un poco porque ‘‘aquí no se ve, pero las cosas están jodidas y no sabemos qué puede pasar si nada cambia en las próximas elecciones’’.

Y fijate vos que aunque los universitarios se vayan de fiesta todos los días y lleguen miles de turistas al año, hay otro lado de la historia que nadie ve. Porque ¿qué le importa al estudiante extranjero o al turista de pie si las cosas van bien o mal? Mas bien, si todo sale más barato mejor y aún así no se puede comparar el pasado ajeno. Por eso uno no entiende cuando tiran una bandera de Cataluña encima del cajero automático del banco de Madrid y del otro lado del mundo, el referéndum de independencia sólo importa cuando el Barcelona le mete cuatro al Real. 

Aquí no se ven los letreros de ‘’se vende’’ en los locales vacíos (como en otros lugares de España) ni hay protestantes que se refugian en bares donde los señores mayores con familia en Suramérica los protegen de los macanazos. Claro habrá huelga cada lunes –casi programada ya la cabrona-  pero a más no pasa
.
Aquel señor debía tenía como cuarenta, estaba bien formado, un poco panzón -pochotón, diría mi mama- educado, bien vestido y amable, no parecía el tipo de persona que ocupa pedir medio euro en la calle para conseguir el boleto a Tarragona, pero uno nunca sabe, la cosa esta fea… eso dicen los periódicos.

Cuando tomé el metro de vuelta y llegué al piso, quise tomar la computadora y buscar de Tarragona, quería saber qué tenía de mágico ese lugar que con ansías anhelaba aquel barbudo extendiendo la mano para pedir medio euro. Pero me gusta pensar que su hermano lo recibiría, que ahí iba a conseguir trabajo, que ahí la construcción era un buen negocio, ahí todo iba a estar bien… Y yo sé que si buscaba más me iba a dar cuenta de cómo eran las cosas y me iba a poner triste. Preferí dejarlo así, como un punto misterioso entre Barcelona y Valencia, dejé la computadora quedita y me fui a leer en una esquina.  ¡Qué cabrón que soy!


David Ching
2013

Sunday, September 30, 2012

Una corona de espinas de rosas



Olvidaste una corona de espinas de rosas
remojada en el azul desparramado de los tinteros
y el agua de lluvia de las hiedras perezosas
que nunca quisieron trepar los azulejos

Los pétalos no palidecieron su rojo vivaz
ni dejaron de brillar con la luz de la mañana,
más ingratos, permitieron que el tiempo fugaz
les arrancará con crueldad sus tímidas canas.

Quedaron las espinas con los tallos sin retoños
cuando las macabras flores quisieron partir
para dejarme oxidado, desolado y solo
con la egoísta promesa de no revivir

y en el patio quedó tu corona de rosas
vacía y triste sin rosas que dar
con la memoria taciturna que llora celosa
la esperanza que el tiempo se encargó de olvidar.

David Ching
2012

Tuesday, August 21, 2012

La servilleta de un bar


El dorso de la servilleta de un bar puede ser el mejor lugar para tirarse un lapicero y sacarse las tripas. Hay olores a sexo de una noche, a vómito bautizado con cerveza, tabaco y drogas, a números de teléfono falsos pulidos con mentiras de desamor, a colillas de cigarro en orinales apestoso a amoniaco.
No sé si queda algo del labial barato que hace unas horas me quiso dibujar la joven de tetas tímidas y cara de trapo. Decido morderme los labios para evitar malentendidos y liberar tensión.
Me provoca la gota fría que baja por la jarra de mi cerveza y los senos borrachos de la mujer de al lado con el olor a deseo que sale de su vagina. Dos hombres se besan en una esquina. Yo chupo los restos de tabaco reprimiendo mis deseos eróticos y veo la servilleta blanca e inocente, esperando llenarse de mugre, saliva y semen.
Mi compañero mantiene la mirada baja y dibuja algún rostro imaginario con su dedo índice en el vidrio de la mesa. Termino de fumarme el cigarro, muerdo la colilla y la tiro al suelo. ‘‘¿Vamos por otro trago?’’